Límites ¿Hasta dónde es bueno dejarlos?


Entendemos el concepto de libertad como el derecho que tienen las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar, aunque, esto puede ser un tanto difícil cuando nos referimos a los más pequeños de la casa.


La libertad es una pieza clave para el desarrollo infantil de nuestros niños, pues esta les permite comunicarse, expresarse y ser más creativos, es decir, les ayuda a participar en situaciones nuevas, estimulantes e integradoras. Así mismo, fomenta la autonomía desde temprana edad, haciéndolos cada día más responsables y dándoles las herramientas para adquirir la capacidad de hacer las cosas por sí mismos. También, gracias a la libertad que experimentan nuestros niños, lograrán obtener iniciativa para participar en diversas actividades.


Cuando los niños tienen mayor libertad, desarrollan una mejor toma de decisiones y flexibilidad mental; esta, hace referencia a la capacidad cerebral para adaptar nuestra conducta y pensamiento a situaciones inesperadas. Por otra parte, la toma de decisiones abarca todo el proceso que supone priorizar y actuar de forma adecuada y eficaz, es decir, desde el momento en el que tenemos la idea, hasta que llevamos a cabo el plan de acción. De manera que, tener libertad, asiste favorablemente a la solución de problemas y por consiguiente, a la madurez de los niños y seguridad personal.

Sin embargo, debemos de tener presente que en ocasiones, demasiada libertad puede ser contraproducente; puede impactar en la autoridad de los padres, así como en la seguridad de los niños.


La educación y las reglas que existan dentro de casa son elementos clave para que los pequeños puedan actuar con precaución. Por lo tanto, es importante que siempre existan límites e instrucciones claras y específicas. El niño debe saber que los padres prohíben ciertas actividades porque amenazan su vida o salud. Es indispensable recalcar que los límites que nunca deberán de ser negociables, son los que atenten contra la vida, salud o seguridad de los niños.


Es conveniente que a la hora de darles cierta libertad, ambos (padres e hijos), tengan en cuenta que los permisos se deben ir dando a medida que los niños van demostrando que son capaces de cumplir con ciertas exigencias.

Cuando no son capaces de cumplir con sus responsabilidades y con los acuerdos familiares, la consecuencia sería quitar ese permiso, así, ellos aprenderán a ocuparse de manera adecuada de las libertades que se le otorgan. De igual forma, se debe de ir fomentando un método para que aprendan a discernir, por ellos mismos, entre una situación que sea benéfica o riesgosa, para que así, tomen mejores decisiones y sean precavidos.


Finalmente, es fundamental que los padres encuentren el equilibrio entre imponer y el ser permisivos. La mejor forma de ayudar a nuestros hijos es asesorar sin llegar al grado de controlar, sobretodo, sin ser sobreprotectores, pues la única forma en que ellos lograran aprender será cometiendo sus propios errores, reflexionando y resolviéndolos; solo así desarrollaran el potencial necesario para alcanzar la libertad que desean.



Algunas de las estrategias que pueden llevar a cabo desde casa son:

  • Establecer rutinas y horarios: Debe de haber responsabilidades y tareas para cada miembro de la familia, las cuales, deberán de decidirse en conjunto, fomentando la participación de los hijos. Cuando les permitimos que participen en el establecimiento, se comprometen más y no lo sienten como algo impuesto.

  • Tomar en cuenta la edad: Es importante tener presente la edad del niño al momento de decidir sus tareas.

  • Las reglas y límites, deberán de ubicarse en un lugar visible dentro de la casa: Así será más fácil recurrir a ellas en determinado momento. Pueden pegarlas en la cocina o en un pasillo, para que así, constantemente las vean.

  • Fomentar un estilo de crianza democrático: Un estilo de crianza como este, implica reglas y normas muy claras, en donde las consecuencias son previamente informadas aplicándose de manera justa.

  • Quitar beneficios: Esto se debe aplicar cuando el niño no hace caso a las indicaciones o consecuencias que se le dan en más de una o dos ocasiones.

  • Recompensar conductas positivas: No es necesario dar un obsequio material en cada una de las ocasiones, basta con reconocer su logro y motivarlos para que sigan llevando a cabo dicha conducta.

  • Modelar con nuestro ejemplo: Recordemos que los niños pequeños tienden a imitar a sus mayores, que mejor forma que enseñarles que con nuestro ejemplo.