Apego y desapego (madre-hijo)


El ser humano, a diferencia de los animales, necesita pasar mucho tiempo bajo el cuidado de los padres. Sin una figura que lo alimente, lo proteja y lo quiera no sería posible que sobreviviera. Anteriormente, se creía que lo más importante eran los cuidados fisiológicos, tales como la alimentación, la limpieza y la seguridad. Sin embargo algunos bebés que si tenían cubiertos los cuidados fisiológicos caían enfermos, o incluso morían. Se observó que en su vida posterior cargaban con las repercusiones de aquella época; la calidad de la relación madre-hijo es básica para el bienestar emocional del bebé.


Por lo general la palabra apego se relaciona con la madre y con el tiempo que ésta le da pecho al bebé. Sin embargo, las estructuras familiares han cambiado, no necesariamente deteriorando la calidad de éste, lo importante es que aquella persona (padre, tía/tío, abuela, nana) cumpla con las funciones maternas como alimentar, bañar, calmar, etc. El apego entonces, se puede entender como la relación de la figura materna con el bebé que se desarrolla desde los primeros años de vida y proporciona las bases para la seguridad emocional y el desarrollo de la personalidad.

La manera en que se desarrolle esta primera relación fungirá como modelo para las relaciones posteriores, también marcará la pauta de la propia autoestima, ya que está íntimamente relacionada con la seguridad, y la capacidad de recibir y dar amor. El apego es la relación estable y perdurable con una persona, de esta relación se cosecha seguridad, amor, tranquilidad, consuelo y placer. Si en algún momento peligra esta relación, se desprenden emociones como ansiedad, tristeza o enojo.


Winnicott decía que no hay madres perfectas, lo que se necesita para un buen apego es una madre suficientemente buena. Es importante que la figura materna pueda envolver al bebé en calidez emocional. Tiene que ser una figura constante, perdurable, predecible y que pueda digerir los contenidos emocionales del pequeño.

Por ejemplo, si el bebé está llorando, es muy probable que él no sepa qué es lo que lo está molestando y sólo sienta una sensación de displacer generalizada. La figura materna lee al pequeño y descubre que quizás tiene hambre, entonces se aproxima y lo calma dándole lo que le hacía falta. Con el tiempo, la constancia y la predictibilidad de encontrar a una madre emocionalmente disponible, el bebé aprenderá que esta sensación de displacer general era hambre e irá construyendo su pensamiento para encontrar herramientas para solucionar su problema. Si de lo contrario, la figura matera no llega o no le da lo que necesita es posible que el bebé nunca llegue a entender su entorno y cada vez que sienta displacer lo viva como una amenaza generalizada a su supervivencia.


El ir y venir en la relación, donde el niño envía señales de alarma, la madre reconoce el estado del niño, identifica la necesidad, la satisface y la nombra, crean una constancia en la mente del pequeño. Este ir y venir no ocurre únicamente en el plano físico, también ocurre con las emociones, las conductas y los gestos. Poco a poco el niño se creará una imagen de su persona y del mundo que lo rodea, se facilitará la comunicación con el exterior y consigo mismo.



Una vez formado el apego, la figura materna tendrá que permitir que el niño rompa poco a poco aquel vínculo. Este desapego es imprescindible, ya que es la única forma de que el niño crezca, explore el entorno y se cree una identidad. A los 8 meses el niño empieza a entender que es una entidad diferente de la madre, aproximadamente a los 18 meses el bebé empieza a poner en práctica la separación por medio del gateo. Es normal que en esta época la madre tenga que estar atrás del bebé para cuidar que no le pase nada, incluso hay veces en que parece que el infante disfruta de marcar la distancia con la madre. El desencanto sucede cuando por alguna razón llega a lastimarse, entonces se da cuenta de que puede ser peligroso estar lejos de mamá, así que buscará regresar a su lado.

Es sumamente importante que la figura materna permita estos vaivenes, que una vez que el niño sufra la separación esté disponible para él, le explique qué es lo que siente y de qué manera puede ir enfrentando el mundo que lo rodea. De esta forma, el niño ya no necesitará ver a su madre todo el tiempo para sentirse seguro, ahora tendrá el conocimiento, el apoyo, el amor y la seguridad de ésta dentro de sí mismo; las vuelve parte de su identidad.

El desapego es igual de importante que el apego, al final lo que siempre se desea es que nuestro hijo se sienta fuerte, sea independiente y tenga las herramientas necesarias para descifrar y enfrentar los obstáculos de la vida. Para que haya un buen desapego, es necesario que antes haya un buen apego, quizás no perfecto, pero si suficientemente bueno. De este buen apego, el niño acomodará su mundo interno. Si el bebé tuvo confianza, amor, cuidado, compresión y placer, entonces es muy probable que busque en sus relaciones futuras estas mismas características, él confiará en que encontrará solución a sus problemas y por lo tanto su autoestima será estable a pesar de los cambios y retos que se le presenten en la vida.